Hace un año Razer dijo que estaba trabajando en una tablet diseñada para jugadores, pero que a diferencia de otros dispositivos móviles apostaría por ofrecer la experiencia más sofisticada, valiéndose de una tecnología vanguardista encapsulada en espacio reducido y de bajo peso. Tras meses de arduo trabajo, además de mucha experimentación, el fabricante al fin presentó el producto final llamado Edge, un equipo que reúne las mejores virtudes del mundo de las latptop y la escena tablet.
La Razer Edge evolucionó de un aparato excéntrico con controles fijos, a una tablet de 10.1 pulgadas que consta de tres partes: un teclado, una base, y un estuche rígido al que están sujetos dos mandos tubulares, cada uno con botones y sticks. En nuestra opinión, la forma no es tan amigable como otras propuestas –incluido Project Shield– que surgieron también durante CES 2013, no obstante tiene la ventaja de cumplir un repertorio más diverso de funciones y con aparente mayor desempeño, ajustándose a tus necesidades.
Esta extravagante propuesta viene en dos modelos, la austera que usa procesador Intel Core i5 con 4GB de RAM y 64GB en disco duro de estado sólido, o la profesional que incluye CPU i7, 8GB de RAM y hasta 256GB de almacenamiento. Sin importar la que elijas, ambas cuentan con un chip Nvidia GeForce GT 640M LE, una versión modesta del original 640M pero que guarda suficiente poder para ejecutar juegos recientes, como Dishonored, que según reportes oficiales funcionará a 59 cuadros por segundo en configuración media.
Apropiadamente, tanto poder de procesamiento impacta la duración de la batería, que en condiciones normales rendirá 8 horas como tablet, y de 2 a 4 en modalidad de tablet. Por supuesto, el exceso de lujos tecnológicos implica elevado precio, así la edición básica y sin aditamentos de Edge pide inversión de $999 USD, mientras que una selección más exquisita podría elevarse a $1,499 USD, tarifa que iguala el costo de una laptop especializada para juego.