✨︎ Resumen (TL;DR):
- Un equipo liderado por la Universidad de Oxford revisó los límites usados para fechar el origen de los animales.
- Los cálculos retrocedieron alrededor de 200 millones de años al incorporar depósitos de Noruega, Australia y Arizona.
- La nueva estimación apunta a una ventana de 800 a 700 millones de años, pero todavía espera confirmación fósil.
Un equipo liderado por la Universidad de Oxford estimó que los animales pudieron surgir entre 800 y 700 millones de años atrás. La investigación apareció el 2 de octubre de 2026 en Science Advances y cuestiona que la ausencia de fósiles animales en la biota de Weng’an, China, baste para fijar una fecha más reciente para ese origen.
Los datos que los autores depositaron en Dryad sitúan el registro de fósiles corporales de animales en unos 574 millones de años. Esa edad documenta que ya existían entonces, pero no cuándo surgieron. Para estimar una etapa anterior, el equipo revisó las fechas geológicas usadas para calibrar los relojes moleculares.

La ausencia de fósiles no basta como límite
La biota de Weng’an, en China, tiene unos 590 millones de años y conserva organismos microscópicos con gran detalle. Los análisis anteriores usaban ese depósito como referencia para restringir el origen animal a fechas más recientes. El supuesto era que, si ya hubiera animales, el depósito habría conservado sus restos.
Para ponerlo a prueba, el equipo examinó más de 140 muestras de la biota de Kheseen, en Mongolia, mediante microscopía electrónica de barrido. Los investigadores hallaron microfósiles bien conservados, entre ellos organismos esféricos y estructuras parecidas a embriones con células internas. No pudieron identificar ninguno de esos microfósiles con seguridad como animal.
Kheseen es más de 40 millones de años posterior a Weng’an y comparte algunas de sus especies. Cuando se formó, ya había animales documentados en otros lugares. La comparación cuestiona que una conservación excepcional garantice la presencia de animales en un yacimiento.
Los investigadores plantean dos explicaciones: los animales pudieron vivir en ambientes distintos, o las condiciones químicas pudieron impedir que sus restos se conservaran. Por ello, consideran insuficiente usar la ausencia de animales en Weng’an para fijar el inicio de su historia evolutiva.
Cómo cambió la fecha estimada
Un reloj molecular es un método que compara las diferencias genéticas entre especies actuales para estimar cuándo se separaron sus linajes. El método necesita fechas que otros procedimientos establecen para calibrar las tasas de cambio. Si los investigadores cambian esa referencia, los relojes producen edades distintas.
En Dryad, los autores describen una prueba de sensibilidad. Mantuvieron el muestreo de especies y la estructura del árbol evolutivo de un trabajo de 2024, y compararon distintos límites de datación.
Los autores incorporaron depósitos más antiguos de Noruega, Australia y Arizona, que se formaron hace unos 850 a 730 millones de años. Al hacerlo, desplazaron el origen animal alrededor de 200 millones de años respecto de los análisis restringidos por Weng’an. La nueva horquilla se extiende del Toniense tardío al Criogénico medio.
La estimación no equivale a encontrar un animal de esa edad. “Este análisis no demuestra que los animales existieran hace 800 millones de años”, afirmó Orin Lole Durbin, primer autor y estudiante de doctorado en Virginia Tech, en el comunicado de Oxford.
Karma Nanglu, paleobiólogo de la Universidad de California en Riverside que no participó en el estudio, explicó a Live Science que el reto consiste en precisar cuánto tiempo separa el origen de los animales de su primera evidencia fósil.
Qué evidencia falta
Para contrastar la estimación, los autores proponen explorar yacimientos de otros ambientes y combinar fósiles corporales con rastros de actividad animal y biomarcadores químicos.
El registro fósil corporal documenta animales hace unos 574 millones de años, mientras los cálculos sitúan su posible origen entre 800 y 700 millones de años. La fecha más antigua sigue pendiente de una evidencia fósil que la confirme.
