Fósil jurásico revela pistas sobre la succión en mamíferos

Fósil jurásico revela pistas sobre la succión en mamíferos

Megacauda sungei, de hace 165 millones de años, conserva una garganta con pistas sobre la succión y la deglución.

Por Humberto Toledo el 8 de octubre del 2026 a las 3:29 am PDT

✨︎ Resumen (TL;DR):

  • Megacauda sungei conserva una garganta con estructuras vinculadas con la succión, la deglución y la protección de las vías respiratorias.
  • El docodonte vivió hace unos 165 millones de años, medía entre 40 y 50 centímetros y pesaba entre 1 y 2 kilogramos.
  • Sus adaptaciones para nadar y los restos de posibles presas apuntan a un depredador semiacuático, aunque su rutina entre el agua y la tierra aún requiere más evidencia.

Un fósil de Megacauda sungei, un docodonte de hace unos 165 millones de años, conserva una garganta con estructuras vinculadas con la succión, la deglución y la protección de las vías respiratorias. El estudio, descrito en Nature el 7 de octubre de 2026, también identifica adaptaciones para nadar en la región de la China actual. El hallazgo ayuda a reconstruir cómo los primeros parientes de los mamíferos podían trasladar leche, líquidos y alimento desde la boca hasta el esófago.

Los docodontes son un grupo extinto de mamaliaformes cercano a los mamíferos actuales. Megacauda sungei pertenecía a ese grupo. Medía entre 40 y 50 centímetros y pesaba entre 1 y 2 kilogramos, una talla grande para un mamaliaforme del Jurásico.

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Foto: Optical Chemist / Pexels

La garganta mezcla estructuras antiguas y nuevas

El equipo reconstruyó el cráneo mediante tomografías de alta resolución. La Universidad de Ohio reportó dos pequeñas proyecciones óseas en el techo de la boca, parecidas a las estructuras que sostienen el paladar blando y ciertos músculos en marsupiales y mamíferos placentarios.

Esos tejidos participan en la succión, la deglución y la protección de las vías respiratorias. El fósil también conserva huesos hioides especializados, que sirven de anclaje para los músculos de la garganta. En conjunto, la anatomía apunta a una versión temprana del sistema que permite trasladar leche, líquidos y alimento desde la boca hasta el esófago.

El fósil no muestra la succión de manera directa. Los investigadores la infieren al comparar la anatomía de Megacauda con las estructuras de animales actuales.

También aparecen pequeños ganchos óseos junto a crestas más primitivas. La coexistencia de ambos rasgos cuestiona la hipótesis de que los ganchos modernos se desarrollaron directamente a partir de esas crestas antiguas.

Qué suma frente al fósil de 2019

En julio de 2019, la Universidad de Chicago presentó Microdocodon gracilis, otro docodonte de aproximadamente 165 millones de años. Su peso se estimó entre 5 y 9 gramos y el fósil ya conservaba huesos hioides articulados comparables con los de los mamíferos modernos.

Esa disposición articulada permitía a los músculos controlar el paso de alimentos y líquidos. Sin embargo, Microdocodon todavía tenía el oído medio unido a la mandíbula, un rasgo más primitivo.

El trabajo de 2026 destaca la buena conservación de las estructuras bajo el cráneo de Megacauda. Ese detalle amplía la reconstrucción de los soportes musculares y su relación con los hioides. La anatomía de ambos fósiles permite seguir distintas piezas del sistema usado para succionar y tragar.

Un depredador adaptado al agua

Su cola ancha y aplanada, la pelvis y las extremidades posteriores respaldan la interpretación de un modo de vida semiacuático. Los caninos y los dientes cortantes indican una alimentación carnívora.

Además, el ejemplar conserva pequeños fragmentos de huesos de vertebrados en la zona del estómago. El equipo los relaciona con posibles presas como las salamandras.

La evidencia aún no fija su rutina

Suzanne Hand, paleontóloga de la Universidad de Nueva Gales del Sur y ajena al estudio, explicó a ABC que analizar la microestructura de los huesos de las extremidades ayudaría a precisar cuánto tiempo buscaba alimento en el agua y cuánto en tierra.

Las adaptaciones para nadar ofrecen una pista sólida, pero no bastan para reconstruir esa rutina. La nueva especie permite estudiar juntos dos procesos tempranos: la especialización para cazar en ambientes acuáticos y la formación del aparato usado para succionar y tragar.

La garganta permite reconstruir parte del mecanismo de alimentación y las extremidades apuntan a un animal semiacuático. Cuánto tiempo pasaba en el agua todavía requiere evidencia adicional.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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