✨︎ Resumen (TL;DR):
- Sam Altman y Jensen Huang moderaron sus discursos ante la falta de un desempleo masivo real en puestos administrativos.
- El sector tecnológico registra despidos específicos en firmas como Amazon y Microsoft, pero la tasa de desempleo general en EE. UU. se mantiene estable.
- Surgieron propuestas de contingencia que incluyen un ingreso alto universal propuesto por Elon Musk y un impuesto a los robots sugerido por OpenAI.
Los directivos más importantes de la industria de la inteligencia artificial cambiaron su postura y ahora rechazan la idea de que la tecnología provocará un desempleo generalizado. Tras enfrentar duras críticas de políticos y reguladores, figuras como Sam Altman y Jensen Huang admitieron que sus advertencias iniciales sobre un inminente reemplazo masivo de trabajadores eran exageradas, debido a que el mercado laboral general mantiene su estabilidad.
Durante un foro de la Commonwealth Bank de Australia en Sídney, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, reconoció que erró en sus proyecciones previas sobre el impacto tecnológico en los puestos de oficina de nivel inicial.
“Esperaba que para este momento hubiera un impacto más significativo en la eliminación de empleos administrativos de nivel de entrada del que realmente ha ocurrido”, declaró Altman, quien puntualizó que la “parte humana” del trabajo no puede sustituirse, incluso si la tecnología asume más tareas operativas.
Por su parte, el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, defendió una postura de crecimiento en un evento del Milken Institute, donde aseguró que “la IA crea empleos” y representa la mejor oportunidad de reindustrialización para Estados Unidos. Huang afirmó que el sector generó más de 500,000 empleos recientemente y exigió a las compañías que justifican sus despidos bajo la bandera de la eficiencia tecnológica que “muestren sus cálculos” para comprobar si la IA es realmente el detonante.

Propuestas fiscales y reajuste del mercado
Dario Amodei, director de Anthropic, también suavizó sus comentarios al señalar que, incluso si se automatizara el 90 por ciento de las actividades laborales, los humanos restantes realizarían sus tareas con una productividad significativamente mayor.
La moderación en las posturas coincide con un debate regulatorio sobre cómo amortiguar la transición. En abril, OpenAI publicó un documento de 13 páginas titulado “Política Industrial para la Era de la Inteligencia”, donde planteó impuestos a los robots, un fondo de riqueza pública para los ciudadanos y pruebas piloto para una jornada laboral de cuatro días.
Por otra parte, Elon Musk propuso en su red social X un “alto ingreso universal” financiado por el gobierno federal mediante la inyección de dinero derivada de las ganancias de la IA y la robótica, aunque analistas criticaron que la medida podría exacerbar el desempleo en lugar de solucionarlo.
Despidos selectivos contra datos económicos
A pesar de la narrativa catastrofista, los datos económicos muestran un impacto limitado en el empleo general. La gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, advirtió en la Universidad de Stanford que la economía podría aproximarse a la reorganización laboral más profunda en generaciones, pero aclaró que la mayoría de los negocios aún no implementan la IA para reestructurar sus operaciones de forma estructural.
El mercado laboral de Estados Unidos cerró con una tasa de desempleo del 4.3 por ciento y sumó 178,000 nuevos empleos en marzo de este año. Aunque grandes firmas tecnológicas recortaron personal (como Amazon, que eliminó 16,000 puestos, y Microsoft, con más de 15,000 despidos argumentando eficiencias operativas), los efectos no se extendieron al resto de los sectores productivos. El impacto real sigue concentrado en las corporaciones de software, mientras la economía general absorbe la transición sin el colapso que los propios gurús de Silicon Valley habían pronosticado.
